Abril 20, 2026
Benjamín Netanyahu y su esposa Sara votan en Jerusalén Foto: GPO Haim Zach vía Flickr
Benjamín Netanyahu, alentado por su triunfo en los comicios y rozando la mayoría parlamentaria para formar Ejecutivo, trabaja con sus socios para buscar los apoyos necesarios con los que romper el bloqueo político y permanecer en el poder mientras afronta acusaciones de corrupción en su contra.
Tras escrutarse más del 92 % de los votos en Israel, su partido, el Likud, obtiene una clara victoria sobre la alianza centrista Azul y Blanco (Kajol Laván) de Benny Gantz y confía en volver a gobernar.
La última actualización de resultados otorga al Likud 36 de los 120 escaños de la Knéset (Parlamento), pero que sumados a los de sus socios del nacionalismo religioso y ultraortodoxos alcanzan los 59, tan solo dos por debajo de la mayoría necesaria para gobernar.
OPOSICIÓN REAFIRMA QUE NO PACTARÁ CON LIKUD
Tras una mañana en la que Netanyahu y sus aliados se mostraron confiados en poder obtener los apoyos necesarios con rapidez, el entusiasmo inicial se redujo a lo largo de la jornada, después de que los partidos opositores descartaran una vez más cualquier pacto con el bloque liderado por el actual mandatario.
Azul y Blanco reiteró su posición de no formar un Gobierno de unidad liderado por Netanyahu mientras pesen sobre él acusaciones por tres casos distintos de corrupción.
Además, antiguos colaboradores del primer ministro y ahora diputados electos de Azul y Blanco también rechazaron hoy la posibilidad de brindar su apoyo al Likud tras ser señalados por la prensa como posibles tránsfugas.
EL JUICIO A NETANYAHU, UN POSIBLE OBSTÁCULO
Mientras negocia los apoyos para revalidarse en el cargo, Netanyahu deberá además hacer frente al juicio por corrupción en su contra, que está previsto que comience en solo dos semanas y que podría resultar un obstáculo para la formación del Ejecutivo.
Esto se debe a que la Corte Suprema, que a principios de año consideró "prematuro" pronunciarse sobre si un parlamentario acusado podía recibir el encargo de formar gabinete, podría ahora sí posicionarse respecto al tema tras una petición presentada hoy por el Movimiento para un Gobierno de Calidad.
POCAS CERTEZAS Y MUCHOS INTERROGANTES
Más allá de la decisión que pueda tomar la corte, el presidente, Reuvén Rivlin, comenzará el próximo 10 de marzo las consultas con los partidos que obtuvieron representación en la Knéset para valorar a qué candidato encarga la tarea de crear Ejecutivo.
Su plazo límite para tomar una decisión será el 17 de marzo, coincidiendo con el comienzo del juicio a Netanyahu.
De mantenerse los resultados actuales y tras la negativa explícita de recomendar a Gantz como primer ministro por parte de Balad, una de las formaciones que integran la Lista Unida árabe (15 escaños), Netanyahu parecería encaminarse a ser quien reciba el mandato presidencial.
Esto daría comienzo a un período de 28 días para establecer una coalición gubernamental, que podría extenderse a 42 si el presidente da su autorización.
Para el jefe de Gobierno, la permanencia en el cargo que ostenta desde hace más de 10 años es de particular importancia dado que, de no ser primer ministro, la imputación en su contra le impediría ocupar otro puesto ministerial y solo podría ejercer como diputado.
Los pasos a seguir, igualmente, dependerán de los resultados finales de los comicios, que aún no se han publicado, dado que falta aún terminar de contabilizar los votos emitidos por los soldados y las más de 4.000 personas que votaron en las urnas especialmente diseñadas para los israelíes que están en cuarentena para prevenir el contagio del coronavirus. EFE

Pacífico Comunicaciones
Victor Villasante
Benjamín Netanyahu Foto: Amos Ben Gershom vía Flickr Benjamín Netanyahu, que con el 97 % de los votos escrutados acaba de ganar por una diferencia mínima en las elecciones israelíes, se encamina hacia su quinto mandato como primer ministro, un récord que le llevaría en los próximos meses a superar al histórico David Ben Gurión como líder con más tiempo en el cargo. En la que parecía una de las elecciones más difíciles que le tocó afrontar, Netanyahu y su partido, Likud, se han impuesto nuevamente, aunque por un pelo y sacando el mismo número de escaños que su principal contrincante, Benny Gantz. Según los analistas, todo parece indicar que formará una coalición de derecha que le permitirá encabezar en nuevo gobierno. Así, el apodado "Bibi" demostró una vez más la astucia política que lo caracteriza y logró sobreponerse a los obstáculos que se le presentaron en una de las campañas más reñidas en mucho tiempo. A fines de febrero, cuando el fiscal general del Estado anunció que le imputaría por tres causas distintas de corrupción, incluyendo cargos de fraude y soborno, su continuidad en el poder parecía tambalearse. Sin embargo, y confirmando la inquebrantable lealtad de sus seguidores, esta decisión terminó siendo un traspié que no tuvo un gran impacto en su popularidad. Podría, sin embargo, dificultar su tarea de formar coalición para un nuevo Ejecutivo. Está además por ver las consecuencias que tendría sobre esa coalición si finalmente hay una imputación, que está aún pendiente de una (audiencia) vista. Tras lograr cinco escaños más que los que tenía en la anterior Knéset, el "Rey Bibi", como se lo llama en las calles israelíes, aparenta estar más fuerte que nunca. Después de haberse convertido recientemente en el primer ministro de mayor duración consecutiva en el cargo, este nuevo triunfo le encamina a aventajar a Ben Gurión como el gobernante que más tiempo ha ejercido el puesto. En un país que se caracteriza por sus vaivenes políticos, Netanyahu ha logrado perpetuarse en el poder de manera ininterrumpida desde 2009, sumado a los tres años en que había servido ya como primer ministro entre 1996 y 1999. Nacido hace 69 años en el seno de una familia sionista y secular en Tel Aviv, Netanyahu pasó mucho tiempo de su infancia y adolescencia en EE.UU. por el trabajo de su padre historiador. Allí cursó luego sus estudios universitarios en el prestigioso MIT y luego en Harvard. Durante esos años intercaló sus estudios con su servicio militar en Israel, donde llegó a ser oficial de la famosa "Sayeret Matkal", la unidad de élite del Estado Mayor del Ejército, y sirvió en múltiples operaciones, incluida la Guerra de Yom Kipur, en 1973. Su carrera política sólo comenzaría en 1982, como número dos de la delegación diplomática de Israel en EE.UU., de donde pasó a ser embajador en las Naciones Unidas. En 1988 regresó a Israel y, en un meteórico ascenso, se convirtió a los 46 años en el primer ministro más joven de la historia política nacional, tras haber sido acusado de incitar indirectamente al asesinato de Itzhak Rabin en las virulentas manifestaciones de la derecha contra los acuerdos de paz de Oslo. Truncado su primer mandato, se apartó de la política para dedicarse a los negocios, regresando a finales de 2002 como ministro de Exteriores y luego de Finanzas. En las elecciones de 2009, ya como líder del Likud, partido que aún encabeza, Netanyahu fue el segundo candidato más votado detrás de la centrista Tzipi Livni, que le superó en un escaño. La fortaleza de su bloque derechista, sin embargo, le permitió ser quien formó gobierno, comenzando así su segundo mandato como primer ministro, cargo que retendría luego en las elecciones de 2013 y 2015, con coaliciones cada vez más inclinadas hacia la derecha. Su ideología política incluye una férrea defensa del libre mercado, de la identidad y mayoría judías del estado y el mantenimiento del statu quo en relación a Jerusalén y los territorios de Judea y Samaria (Cisjordania). Parte de su campaña giró también en torno a su alianza con el presidente estadounidense, Donald Trump. Ese vínculo logrado por Netanyahu incluyó logros diplomáticos como el reconocimiento de Jerusalén como capital el 6 de diciembre de 2017, el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén el 14 de mayo de 2018 y el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán el pasado 25 de marzo, en tanto que líderes de países árabes paulatinamente comienzan a mostrarse abiertos a la posibilidad de normalizar relaciones con Israel. Analistas han caracterizado su campaña de sucia debido a sus ataques contra Benny Gantz, su rival electoral, la Corte Suprema, el presidente Reuvén Rivlin, los partidos árabes y gran parte de los candidatos que no lo apoyaban. Tal como sucedió en campañas anteriores, en los días previos a las elecciones fue empleando una retórica cada vez más fuerte, alertando sobre la amenaza que representaban los árabes y la izquierda israelí, y con la promesa de anexión de asentamientos en Cisjordania como el último gran regalo preelectoral a sus votantes. EFE y Aurora Pacifico Comunicaciones Victor Villasante

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