LIBERACIÓN DE LA TIERRA
Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos, es la expresión de la cosmovisión de la Tierra, en uno de los Salmos, y en otro expresa que de Dios es la Tierra y su plenitud el mundo y los que en el habitan; por tanto es un tema de Ética y Moral cuidar la Tierra.
Es menester que los seres humanos a nuestro paso por la vida, respondamos con la grandeza divina a todos los interrogantes del hombre, en condiciones diversas sí, pero disfrutando a plenitud de todo lo que la naturaleza nos ofrece, por su belleza, provisión y condiciones favorables de vida.
Se celebra esta semana el “Día de la Tierra”, para recordarnos lo importante que es cuidar todo lo que significa recursos de vida física, como el agua, el sol, el viento, los ríos, mares, y la interminable dispensa de recursos de los bosques, las plantas, la alimentación y las frutas.
La preocupación por todo lo que significa los recursos del planeta, es una realidad que tiene implicancias en la cultura de masas, y que forman parte por la preocupación del medio ambiente, afectando al Ecosistema, término de uso constante para el entendimiento de la Ecología.
La doctrina del dominio del hombre por la tierra, no es únicamente implicancia económica, sino mucho más todavía de alcance político es decir ideológico, produciendo conflictos inevitables, y que tienen que ser enfrentados para poder ser superados, por tanto no podemos eludir evitándolos, pero buscando la mejor solución.
El principal protagonista de toda la naturaleza es el hombre, a quien se le otorga siempre una mayordomía transitoria, por cuanto que, nuestra existencia física es corta y es necesario tener una visión del futuro con Esperanza y Solidaridad, compartiendo con nuestros semejantes, las riquezas del mundo, no únicamente lo material, sino sobre todo lo espiritual, lo cual es esencial en la reforma social.
Ante todo se trata de desafíos que proceden de la realidad y afecta a la vida en su globalidad, determinantes para la espiritualidad cristiana, y responder al desafío de Liberación de la Tierra, recuperando así los propósitos bíblicos, y gestar un tiempo nuevo que pasa por la cruz, con una eclesiología del hombre para el hombre.
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