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LA POLÍTICA Y LOS GRUPOS RELIGIOSOS

 

Forman parte de los Derechos Humanos, además de tratados internacionales, por el cual se establece que los ciudadanos deben participar en elecciones libres y genuinas, cada cierto intervalo de tiempo, cuyos parámetros precisos de este derecho a participar, es el debate de propuestas de ideologías políticas, sociales y económicas.

La tendencia involucra la participación plena de la sociedad civil, a través de grupos organizados, que favorecen la formación de un electorado mejor informado, contribuyendo a fortalecer el desarrollo de instituciones esenciales, para el sostenimiento de un sistema político democrático, reforzada por una sólida cultura cívica.

Es parte importante de este quehacer electoral, la participación activa de los nuevos movimientos religiosos urbanos, para ser partícipe de las demandas en la acción política, no solamente en decir, sino en el hacer, más allá de una pura enunciación religiosa, que propician construir prácticas con efectos políticos de solución.

Para entender el surgimiento de estos nuevos actores políticos, cabe tomar en cuenta la tremenda expansión numérica y geográfica de los grupos religiosos minoritarios y que sigue su curso histórico en el tiempo, lo cual no es realmente nuevo en América Latina, cuya fuerza política ha sido continua en los últimos treinta años.

Sin embargo, el terreno privilegiado para la elaboración de política confesionales, se caracterizan por su fragilidad, frente al escenario político tradicional, porque se requiere respuesta concreta a la actitud político religioso en las prácticas del accionar social, tomando en cuenta la modernidad latinoamericana.

Los nuevos movimientos políticos religiosos, tienen una oportunidad sin precedentes, para asumir un liderazgo que les niega la sociedad global, mediante el libre acceso a la prédica, que es una oportunidad para llegar a los pobres y que formen parte de la acción social, lo cual es un factor positivo para combatir la miseria.

La sociedad es una reunión de individuos, y el cristianismo, es un valor del espíritu universal, que tiene sus raíces en la conciencia humana, que cambia al hombre para cambiar la sociedad, con el reconocimiento de que ninguna ley humana debe estar en contraposición con las leyes Divinas.

 

   
 
       
   

Pedro Ferreira G.
GRUPO PACIFICO DE COMUNICACIONES
Radio-Televisión-Prensa-Internet

Lima, 17 de Abril del 2010. 

   
         
 
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