LOS AÑOS EN EL MATRIMONIO
En el período más antiguo, el tiempo se establecía por la salida y la puesta del Sol, luego se estableció nombres para los días de la semana, los meses y luego un conocimiento preciso de los años, a partir de acontecimientos conocidos, de los cuales se desprende el año lunar de doce meses, decidido en horas, minutos y segundos, luego posteriormente se usaron los números.
La existencia del hombre se mide por el tiempo, establecido en la sabiduría bíblica, como de 70 a 80 años, que son las siete etapas vivenciales de la vida, lo cual se viene prolongando debido a los adelantos de la ciencia, basado en el sistema de vida en los cuidados requeridos.
Dentro de estas vivencias está el matrimonio, que constituye la unión íntima, personal y para toda la vida, de un hombre y de una mujer, con el consentimiento de ambos, con la finalidad de la procreación, bajo un compañerismo amoroso, con arreglo a las leyes civiles y morales, es decir ante las autoridades y la Iglesia.
El matrimonio constituye la base de la familia, lo cual implica responsabilidad, principalmente de sustento para el hombre y de cuidados de la mujer con los hijos, que aparecen con naturalidad, propio de las relaciones matrimoniales, lo cual forman parte de las vivencias de la pareja en sus ideales y luchas.
El sustento primordial de los años en el matrimonio es la comprensión, esto implica cultivar la armonía, que comienza con el tiempo de amistad en el noviazgo, y que tiene un proceso desde el primer día de convivencia, y que termina únicamente con la muerte, requisitos primordiales para una familia feliz.
Todas las etapas de la vida en el matrimonio son buenos, y se acostumbra a separar por lustros, es decir cada cinco años, siendo de mayor notoriedad los 25 años denominados “Bodas de Plata”, y a los 50 años “Bodas de Oro”, años significativos en el matrimonio, que celebra la familia toda del hombre y la mujer; pero al llegar la pareja a los 50 años como mayores, generalmente son los hijos los que preparan el agasajo familiar de celebración, con gran regocijo.
Estas son condiciones normales de la vida funcional, donde impera el respeto mutuo de los contrayentes en todo tiempo, como dice la promesa: en salud o enfermedad, en abundancia o necesidad, con la bendición de Dios, disfrutando de la verdadera Paz espiritual, por el Sacrificio Redentor en la Cruz, que estamos próximos a volver a celebrar en Semana Santa. Bendiciones a todas las familias en cualquier tiempo de la vida.
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