LA MUJER EN EL MUNDO
Se celebró en la semana el “Día Internacional de la Mujer”, para detenernos como seres humanos, y reflexionemos en el tiempo el verdadero valor trascendente como compañera de la Creación para el hombre, como madre del linaje humano, y reconocer su infinita bondad, fiel y desinteresada.
El grado de civilización de cada pueblo, se pudiera marcar, por la consideración de que goza la mujer, así como el desprecio o la poca importancia que se haga de ella, y que todavía en muchos lugares se le priva de la educación, sin embargo la mujer ha dado pruebas, capacidad para servir también a toda la sociedad, cuando ha cultivado su espíritu.
En la parte moral, la mujer es más tierna, más amorosa, más caritativa, es más piadosa, más sensible, susceptible de heroísmo, su generosidad es sin límites, que se manifiesta en el cuidado familiar, cría a los hijos con más solicitud, con más instinto de conservación, hasta darles formación para afrontar la vida.
La mujer es todo corazón, y no debemos degradar con injusticia su dignidad, siendo pervertida por nuestro trato, asistiendo a los más repugnantes muestras de corrupción y de maltrato, sufriendo las injusticias de una sociedad disfuncional, en medio de las convulsiones políticas, no permite distinguir entre el bien y el mal.
La mujer como madre alcanza la corona de la creación, comprende sus deberes en familia, para con el hombre y para con sus hijos, velando día y noche en sus acciones, formando sus tiernos corazones, ella se desvela por cuidarles en su enfermedad, adornos propios de virtud y belleza.
La violencia y el abuso a la mujer, en cualquier edad y condición, es un tema interminable, destruyendo la armonía y la paz que deben reinar en los hogares, que a diario soportan las más crueles heridas de este flagelo, que requiere de justicia, misericordia y gracia, atributos del amor Divino, para ser sensibles a valorar a la mujer que es todo corazón.
Evitemos abandonar a la mujer en desgracia, resultado de una sociedad enferma, soportando tanta miseria en el trato y desprecio, destaquemos las buenas acciones de la mujer, levantemos su dignidad y autoestima; veamos con profundo sentido de reciprocidad el amor filial sacrificial de mamá, de quien hemos recibido lo que somos, por sus grandes virtudes, pero también el gran aporte de la mujer en sociedad, ocupando cargos de responsabilidad, en todos los ámbitos del mundo entero.
En lo íntimo de la vida eclesial, el desenvolvimiento de la mujer se hace cada vez más notorio, que requiere un reconocimiento especial por su vida piadosa, implorando la ayuda necesaria de Dios recurso espiritual sin límites para mitigar sus cargas de sufrimiento.
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