REFLEXIONES DE PERUANIDAD
La realidad peruana, precisa de cambios sociales basado en su potencial de riquezas, para su destino futuro, en la búsqueda de soluciones, a los agudos problemas, pasa por la participación inquietante de las instituciones de la sociedad civil, sin embargo por la situación partidaria, encuentra barreras demagógicas y de intolerancia política.
Este estado de cosas produce pena y desilusión, que requiere la aplicación de la religión, que tiene sentido universal en la familia y la sociedad, bajo convicciones cristianas, en actitud clara y firme, encaminados a vivir con nuestra identidad como nación, para labrar nuestro destino.
Nuestros sentimientos es preciso expresarlo, en el interior de las convicciones que profesamos, influyendo en la sociedad para contribuir a la peruanidad, con ánimo renovador, más allá de lo tradicional y conformista, más bien con una dinámica espiritual de gravitación social.
Debemos influir en los círculos oficiales, propiciando reuniones conjuntas de invitados, con espíritu generoso, para cultivar franca y sincera amistad, que permita transmitir inquietudes, ocupándonos de temas de la realidad peruana, en el cambio de ideas y opiniones, con profunda seguridad de nuestra fe, que nos lleva a la amplitud y la tolerancia.
Nuestra identidad es la resultante de principios espirituales, y tomando en cuenta otros factores, que son contextuales e inseparables de la realidad nacional, se conjuga en el tiempo con influencias lejanas y cercanas, que se renueva constantemente bajo tradiciones y costumbres.
En el sano juicio sereno, desinteresado e imparcial de la historia, reconocemos nuestra continuidad en el tiempo, con todas nuestras virtudes, defectos y esperanzas, los cuales forman nuestra personalidad, y por ende tener identidad, tomando en cuenta lo que hemos sido, lo que somos y queremos ser.
El placer subjetivo y el poder objetivo, son el eje del mundo desde la modernidad, difundido con liberalidad por las ciencias sociales, alcanzando una tremenda resonancia, opuesta al verdadero sentido de los valores cristianos del Espíritu, que tiene trascendencia con todo derecho, a la justicia por la vida.
Bajo los signos de la Fe y por la Patria, invocamos al Estado una planificada atención urgente, a los pueblos del Sur chico, a un año del terremoto; seamos solidarios con el sufrimiento en justicia, que es un principio trascendente y eterno. |
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