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¿Cómo reformar el Estado peruano? ¿cómo responder al desafío de transformar a las entidades de gobierno en motor de desarrollo? ¿es posible superar la deficiencia de la administración pública en nuestro país?. Son preguntas frecuentes que los peruanos solemos plantearnos, pues es necesario una verdadera reforma del aparato estatal.
Debemos entender que el bienestar de las personas depende directamente del esfuerzo personal, pero para ello necesitamos de un estado que otorgue mayores oportunidades, nos asegure igualdad ante la ley, seguridad, paz, y obras públicas.
El presidente ha manifestado "o hacemos la Reforma del Estado, de la educación y de la justicia o el país no avanza". Es evidente que el gobierno es para los 28 millones de peruanos y no para un pequeño sector de la burocracia, como él mismo lo ha manifestado, y al parecer, ha tomado la decisión de abordar esta reforma con seriedad.
Los problemas que enfrenta la administración pública son diversos; entre ellos la falta de una carrera administrativa basada en los méritos académicos y profesionales; los múltiples y engorrosos trámites a los que se ve sometido cada día el ciudadano por solicitar algún servicio, agregado esto a la crisis moral y de valores que enfrentamos.
Pero el debate sobre la Reforma del Estado abarca mucho más que eso. Reformar el Estado es una política fundamental para transformar a un conjunto de organizaciones. Por ejemplo, el poder judicial es uno de ellos, y no podemos negar el clamor ciudadano de querer contar con un poder judicial seguro, oportuno y eficiente, tal como lo demuestran los diversos sondeos de opinión que reflejan una baja aprobación de nuestra justicia peruana.
Existe la promesa de reformar la administración de justicia y ponerla al servicio del pueblo, mientras tanto, nosotros los peruanos seguiremos reclamando por una nueva justicia; y nuestro reclamo es legítimo, urgente y prioritario, que ya no puede ser postergado.
Necesitamos, como dijo el nuevo presidente del poder judicial, que los jueces se acerquen màs al pueblo para tener en cuenta el componente humano en sus resoluciones.
Otro de los componentes esenciales de la Reforma del Estado, es la descentralización, que según los entendidos, debería implicar también una reforma política. por ejemplo, los alcaldes deberìan estar sujetos al estricto control de los miembros de sus localidades.
Tal vez un Estado peruano federal nos traerìa mejores ventajas; así la descentralización es la que saldría ganando, porque en un gobierno federal, el país se divide en estados que son equivalentes a nuestras regiones, con un gobierno autónomo para cada estado, así no se tendría que esperar que desde Lima se decidan hacer obras regionales. Se debería otorgar mayor autonomía a los gobiernos regionales.
Por otro lado, los especialistas hablan también de una Reforma Constitucional, es decir, una nueva constitución política con dos variables; que la base de la nueva Carta Magna, sea la del 79 o en todo caso retomar toda esta, por que según ellos la Constitución del 79 fue diseñada para proteger a los más pobres; Sin embargo, otros han señalado que tenemos otras urgencias mas importantes que una nueva Constitución, y es la de tratar como iguales a los desposeídos para hacerles llegar una cuota mayor de los beneficios de nuestra economía.
Eso es algo que los políticos, los empresarios y el gobierno al parecer ya están alcanzando a comprender; por lo tanto, el querer un estado moderno y eficiente, es un anhelo largamente esperado por años que ojalá se cristalice pronto.
Departamento de Prensa / Merardo Ponte
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