La madre Teresa de Calcuta solía decir, "La paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias. Si queremos sembrar alegría en derredor nuestro precisemos que toda familia viva feliz."
Y no le faltaba razón; dada su importancia en la sociedad, la familia tiene un valor que se basa fundamentalmente en la presencia física, sicológica y espiritual de las personas en el hogar, y son precisamente, la unión, la honestidad, el amor y el respeto, algunos de los valores más importantes que se deben cultivar dentro de ellas.
Invertir en la familia es invertir en un verdadero desarrollo sostenido, porque la familia es tierra de educación y base de nuestra sociedad, pero también es uno de los grupos sociales que requieren una atención especial; y esta atención, implica la reducción de la violencia doméstica y el alivio a la pobreza; males que forman parte de la inmensa mayoría de hogares peruanos.
Si observamos los cambios que han ocurrido a través de los años, comprobaremos que lo único que ha permanecido siempre es la familia; por lo tanto, no podemos dejar pasar por alto las múltiples circunstancias que están poniendo en juego la solidez del núcleo familiar porque el mundo está siendo sujeto a permanentes cambios, transformaciones y contradicciones.
Y estos cambios, amerita el fortalecimiento de la familia para su buen desempeño en la sociedad, porque la familia es la célula básica de la sociedad, y eso requiere protección y apoyo; sobre todo del estado, ya que existen familias desunidas y desintegradas, cuyos miembros carentes de un hogar, malviven normalmente en la intemperie y el desamor y esto, tarde o temprano tendrá un impacto no sólo en el desarrollo humano actual sino en las futuras generaciones.
Algunos sicólogos afirman que el mundo ha cambiado tanto que ya no es posible quedarnos en tiempos pasados, pero eso no quiere decir que los valores y principios hayan cambiado; muy por el contrario,a pesar de las presiones negativas que pueda estar sufriendo la familia, sigue siendo un espacio de amor y el lugar privilegiado para la procreación y educación de los hijos.
Y la Iglesia no se queda atrás, sino que también debe ser consciente que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciados de la humanidad; por lo tanto, debe tener una verdadera actitud de cuidar de ellas, asimismo, los pastores y líderes deben siempre hacer sentir su voz y ofrecer su ayuda a todo aquel, que conociendo o no el valor del matrimonio y de la familia, trate de vivirlo fielmente.
Y es que el vivir en familia es algo que se tiene completamente asumido desde que nacemos y nadie nos pregunta al nacer si lo deseamos o no, sino que simplemente es algo impuesto por Dios. VIVAMOS EN FAMILIA
Departamento de Prensa / Merardo Ponte
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