Los efectos más perjudiciales y de hecho el que invade de vez en cuando nuestra vida personal; es el pecado, que no solo nos afecta como individuos sino que sus ondas expansivas a menudo puede alcanzar a dañar nuestras familias, nuestro trabajo, nuestra salud y hasta nuestra calidad total de vida.
Algunos autores como Peter Wagner, sostienen que es útil entender las diferencias entre pecado y maldad. Para él, el pecado es la acción específica que se comete, mientras que la maldad se refiere al estado de culpabilidad que resulta de ese pecado que se transmite a través de las generaciones. Además, afirma que no es cierto que el tiempo sana las heridas sino por el contrario, estas se vuelven más y más dolorosas al pasar a la generación siguiente.
Cuando el pecado entra a nuestras vidas, se levantan obstáculos que no impiden ser todo lo que Èl quiere que seamos y entonces nuestra comunión con el Padre ya no es la misma; sin embargo, esto no tiene porque permanecer asi, ya que Dios nos da la oportunidad de redimir el pecado que es la raiz de todos los problemas que nos puedan suceder. Wagner, afirma que en primer lugar debemos identificar específicamente el pecado; las generalidades no bastan, sino que debemos llamar al pecado por su propio nombre y así podremos dar el siguiente paso de confesar a Dios y pedir su perdón.
En la mayoría de los casos es un esfuerzo infructuoso intentar sanar las heridas que un pecado pueda haber infringido a otros hasta que se haya confesado el pecado; solo así se podrá reparar cualquier daño que el pecado haya podido causar a otros “la sangre de Cristo es ahora suficiente para redimir todos los pecados donde quiera y como quiera que ocurran”. Afirma Wagner.
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